Kira: Desperté tiempo después, con una sensación extraña de movimiento. Mis ojos, todavía nublados por el sueño y la confusión, empezaron a enfocar lentamente, y fue entonces cuando me di cuenta de que no estaba en mi cama, ni en un lugar familiar. Me encontraba en un cochecito de bebé, el tipo que uno ve en películas de familias felices, pero que nunca imagina que terminaría en uno a los 23 años. Lo peor de todo es que no podía recordar cómo había llegado allí. ¿Había sido parte de un sueño raro? ¿Alguna clase de broma? Pero no… el cochecito era demasiado real, y el aire fresco a mi alrededor también.
Cuando finalmente logré ubicarme bien, vi que nos acercábamos a una casa grande. Bueno, en realidad, con mi tamaño actual, esa casa se veía como una mansión. Y aunque todo parecía salido de un cuento de hadas, mi corazón seguía latiendo rápido, golpeando mi pecho con la fuerza de una alarma de emergencia. De repente, la señora que me llevaba en los brazos dijo algo que me heló la sangre:
Señora: "Niñas, vengan a conocer a su nueva hermanita."
Kira: "¿Qué? ¿Nueva hermanita?" Mi mente estalló. ¿Cómo podía ser que ahora fuera considerada la nueva hermanita de alguien? ¿Qué había pasado con mi vida anterior? ¿Mi independencia? ¿Mi familia? Todo había desaparecido de la noche a la mañana, y ahora me veía atrapada en este cuerpo diminuto, sin poder hacer nada al respecto.
Mientras la señora me llevaba hacia la entrada, dos niñas pequeñas aparecieron corriendo, con una energía que solo los niños pueden tener. Sus ojos brillaban con una mezcla de curiosidad y asombro. Se detuvieron de golpe al verme, como si estuvieran mirando a un animal exótico en un zoológico.
Andreíta: "¡Wow, mamá! ¿Quién es ella?"
Luz Marina: "¿Es una nueva muñeca? ¡Es tan linda!"
Kira: Si pudiera haberme sonrojado en ese momento, lo habría hecho. No entendía bien lo que estaba pasando, pero sí sabía que ahora era el centro de atención de esas dos pequeñas criaturas, que parecían no ver más allá de mi aspecto frágil y adorable. La señora, con una sonrisa maternal, me sostuvo aún más cerca y dijo lo que probablemente se suponía debía ser mi bienvenida oficial al "club de las hermanitas".
Señora: "Mis queridas, esta es vuestra nueva hermanita. Su nombre es Kira."
Kira: Uf, al menos no me cambiaron el nombre. Siendo honesta, mi mente todavía no podía procesar lo que estaba pasando. Estaba allí, en brazos de una mujer que no reconocía, siendo presentada a dos niñas que ahora consideraban mi "familia". Pero al escuchar mi nombre, algo en mi interior se encendió, como una pequeña chispa de "realidad". Estaba atrapada en este nuevo mundo, pero de alguna manera, aún mantenía la esencia de quien era… o al menos eso creía.
La señora me llevó dentro de la casa, y mientras caminábamos, las niñas no paraban de mirarme. Sus pequeñas manos se extendían para tocarme con cuidado, como si fuera una muñeca de porcelana. Cada movimiento que hacían me parecía tan… alienígena. ¿Cómo había llegado de ser una joven adulta a ser tratada como una bebé que necesitaba atención constante?
Andreíta: "¿Y cuántos años tiene, mamá?"
Señora: "Tiene casi dos años ya."
Kira: "¿¡Casi dos años!? ¿Cómo puede ser posible que ahora tenga casi dos años cuando hace un momento era una adulta de 23 años?" Las palabras de la señora se repetían en mi cabeza como una película que no lograba entender. Las preguntas comenzaban a acumularse como una montaña, pero las respuestas parecían estar al otro lado de un muro impenetrable.
Luz Marina: "¿Y ya sabe hablar?"
Señora: "Buena pregunta. A ver, dí ‘mamá’."
Kira: "¿’Mamá’?" Miré a la señora, pero la única respuesta que pude dar fue un silencio total. Ni siquiera sabía si podía hablar. Pensé en todos esos niños pequeños que aprenden a hablar cerca de los dos años, y el pánico me invadió al darme cuenta de que yo, en este nuevo cuerpo, no sabía si podría siquiera articular una palabra correctamente. Así que me mantuve en silencio, esperando que algo dentro de mí despertara.
Señora: "Tal vez todavía no está lista."
Kira: La señora me sacó del cochecito y me volvió a cargar en sus brazos. Nos dirigimos hacia el piso superior de la casa, y cuando entramos en una habitación, me di cuenta de que, aunque mi mente seguía atrapada en un torbellino, ese lugar… no estaba nada mal. Las paredes eran de un suave color rosa, con una atmósfera acogedora que solo se puede lograr en una habitación para bebés. La cuna, los peluches, los pañales… todo estaba ahí, como si me hubieran instalado en un mundo paralelo donde todo giraba alrededor de la ternura.
Señora: "Parece que te gustó tu nueva habitación, pequeña Kira."
Kira: Asentí, medio confundida, con una sonrisa que no sabía si estaba forzada o genuina. Sin embargo, mi tranquilidad duró poco. La señora miró mi pañal, y, como era de esperar, lo cambió. Y en ese proceso, algo raro sucedió: me sentí completamente vulnerable. Aquí estaba, en un estado en el que nunca había estado antes, siendo atendida por una mujer que ahora era como una madre para mí.
Señora: "Bueno, primero lo primero. Vamos a cambiar ese pañalito lleno de popis."
Kira: Popis… ¿En serio? A medida que la señora me cambiaba, mi mente intentaba encontrar sentido a todo esto, pero no podía. Aún no comprendía cómo había llegado a este punto. ¿Quién había tomado esas decisiones por mí? Mientras me limpiaba con cuidado, un sentimiento de pérdida me invadió, y el mundo real parecía desvanecerse.
Una vez terminado el cambio, la señora me llevó de vuelta a la sala y me dejó en un sofá, donde me dejó sola por un momento.
Señora: "Quédate aquí un momento, Kira. Ya vuelvo."
Kira: No tenía otra opción más que quedarme. Pero en ese momento, una curiosidad me invadió. ¿Podría hablar? Sabía que mis dientes estaban en su lugar, así que con algo de temor, intenté decir algo. "¡Hola!" Dije en voz baja, pero al escuchar mi propia voz, sentí como si estuviera hablando desde otro mundo. Esa voz infantil, suave, y sobre todo, diferente, me hizo darme cuenta de cuán lejos estaba de la Kira que conocía.
Decidí intentarlo con algo más, probando letras en mi mente, y me di cuenta de que podía reconocerlas todas, excepto la "r". Pero lo dejé pasar, sabiendo que tal vez aprendería de nuevo a hablar correctamente, como cualquier niño.
Antes de que pudiera pensar más, la señora regresó con un biberón lleno de leche tibia.
Señora: "Aquí tienes, pequeña Kira. Es hora de tu alimentación."
Kira: Miré el biberón, un poco escéptica, pero algo en mí me decía que debía beberlo. Tomé el biberón con mis pequeñas manos y, para mi sorpresa, lo sostuve con facilidad. Mientras bebía, me sentí… reconfortada. Aunque mi mente adulta estaba completamente desorientada, algo en mi interior me decía que, al menos en este momento, la leche era un pequeño consuelo.
Señora: "¡Muy bien, así se hace!"
Kira: Mientras la señora me observaba, me di cuenta de que, aunque todo a mi alrededor era un caos de dudas y preguntas, esta nueva vida que comenzaba a construir, aunque fuera extraña, me estaba dando una extraña sensación de… paz. Aunque todo era confuso, algo en mi interior me decía que podría adaptarme, que este viaje tenía más que ofrecer de lo que pensaba.
Señora: "Eres una niña muy valiente, Kira. Te prometo que cuidaré de ti y te amaré como si fueras mi propia hija."
Kira: Esas palabras fueron como un bálsamo para mi alma, pero aún no tenía todas las respuestas. Cuando terminé el biberón, el cansancio comenzó a invadirme, y antes de darme cuenta, la señora me levantó con cuidado y me llevó a mi habitación. Me acostó suavemente en la cuna, y aunque mi mente seguía luchando por encontrar una respuesta, el sueño me venció.
Kira: Así, sin entender completamente qué estaba sucediendo, me encontré en un mundo nuevo, rodeada de gente que me amaba, pero aún con más preguntas que respuestas. Este viaje sería difícil, sí, pero también lleno de descubrimientos. Y, por alguna razón, sabía que tendría que aprender a vivir de nuevo.
Fin del Capítulo 2.