Kira: ¡Hola! Soy Kira. Tengo 23 años y, aunque en estos momentos las cosas no son precisamente como las esperaba, quiero contarles cómo mi vida dio un giro inesperado y radical. Pero no uno de esos giros dramáticos que puedes esperar en una película de acción, no, este fue mucho más… personal. Un día cualquiera, de esos en los que la vida parece tan predecible como la siguiente clase en la universidad, todo cambió. Y cuando te cuento que me separó de mi edad, mi independencia y mi familia… créeme, no estoy exagerando.
Todo empezó en una tarde cualquiera, de esas que parecen no tener nada especial. Había pasado horas en la uni, luchando contra el cansancio mientras los profesores soltaban datos, conceptos y teorías que no lograban penetrar en mi cerebro. Todo mi cuerpo pedía descanso, pero ahí estaba yo, buscando la salida como si fuera una maratonista a punto de llegar a la meta. La gente pasaba a mi alrededor, ajena a mi sufrimiento existencial, y yo solo quería llegar a casa y tirarme en el sofá.
Era un día nublado, como el cielo que reflejaba mi estado de ánimo. Pero justo cuando ya casi había llegado al final de mi calle, algo fuera de lugar me llamó la atención: una camioneta rosa. Sí, rosa. Un color tan llamativo que, aunque mi mente estaba agotada, no pude evitar mirarla. Pero la ignoré rápidamente. Ya saben, a veces cuando algo parece demasiado extraño, preferimos no prestarle atención. "El mundo no es color de rosa", me dije a mí misma.
Pero claro, como la vida se empeña en ser irónica, no me di cuenta de que ese rosa iba a cambiar mi mundo. Antes de que pudiera darme cuenta, sentí un fuerte golpe en la cabeza. La sensación fue como si alguien hubiera usado una barra de hierro para saludarme. El dolor me nubló la vista y antes de que pudiera reaccionar, unas manos firmes me sujetaron, taparon mi boca y, en un abrir y cerrar de ojos, me arrastraron hacia el interior de la camioneta.
En ese momento, todo sucedió como una película en cámara lenta. Sin una palabra, me introdujeron a la fuerza y, sin darme tiempo para pensar, me inyectaron algo. Lo que fuera que me inyectaron, hizo que todo se desvaneciera en un segundo. La realidad, el dolor, el miedo, todo se fue con el peso de ese sueño que me invadió rápidamente. Caí en un sueño profundo, y mi mente se apagó.
Desperté… o al menos lo intenté. Mi cabeza seguía dando vueltas como si hubiera sido lanzada a un tiovivo. No entendía dónde estaba, ni cómo había llegado allí. Todo era borroso, confuso. Mis ojos se mantenían medio cerrados, como si estuvieran luchando contra mi cuerpo para mantenerse despierta. Un par de segundos después, caí nuevamente en un profundo sueño, como si mi cuerpo hubiera decidido no enfrentar lo que estaba pasando.
La próxima vez que desperté, el lugar ya no era tan difuso. Estaba un poco más consciente, pero aún no podía entender dónde estaba. Era un lugar extraño, con luces suaves y un olor a desinfectante. Mi cabeza, aún dolorida, no me dejaba pensar con claridad. Pero entonces, escuché voces. Dos personas conversando cerca de mí. Era una conversación que no entendía por completo, pero había algo que me heló la sangre.
Persona 1: "¿Estás seguro de que no recordará nada?"
Persona 2: "No se preocupe, señora. Todo ha salido perfecto. Como se esperaba. Pero recuerde que debe hacer chequeos mensuales para asegurarse de que todo esté bien."
Persona 1: "Gracias, doctor. Estoy muy agradecida por todo. Estoy deseando tener a mi nueva bebé."
Mi corazón comenzó a latir con fuerza, como si estuviera en una carrera que no había pedido correr. "¿Mi nueva bebé? ¿A qué se referían?" Pensé, paralizada por el miedo. ¿Acaso estaban hablando de mí? ¿Qué habían hecho conmigo? Mis manos, al intentar moverlas, se sentían extrañas, como si no fueran mías. Miré hacia abajo, tratando de entender qué estaba sucediendo, y ahí fue cuando lo comprendí todo. Mis brazos eran pequeños, mi cuerpo… mucho más pequeño de lo que había sido antes. Mis piernas eran diminutas. ¡Me habían convertido en una bebé!
Persona 1: "Mire, casi cumple dos años. Qué rápido pasa el tiempo. Ah, parece que ya despertó."
En ese instante, algo dentro de mí se rompió. Me sentía atrapada en un cuerpo que no era el mío, en un lugar extraño y, lo peor de todo, sin saber quiénes eran esas personas que discutían sobre mi destino. No podía quedarme en silencio. Algo dentro de mí, tal vez un grito de supervivencia, me empujó a llorar. Mis ojos se llenaron de lágrimas, y comencé a llorar, no solo por el miedo, sino por la angustia de no entender qué estaba sucediendo.
Y entonces, como si fuera un instinto natural, una figura se acercó a mí. Era una mujer. No sabía quién era, pero su mirada transmitía algo profundo, algo maternal. Me levantó en sus brazos, y aunque aún estaba en shock, pude sentir el calor de su cuerpo, el amor en su abrazo. Sin entender del todo lo que sucedía, me dejé llevar, y en cuanto su pecho se acercó al mío, me quedé dormida. ¿Era miedo? ¿Era cansancio? ¿O tal vez una mezcla de todo? No lo sabía, pero caí nuevamente en ese sueño, sin resistencia.
Fin del Capítulo 1.